

Unión Santa Rosa - Rio Guapi
Unión Santa Rosa, cuerpo y tradición del río Guapi
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Unión Santa Rosa es un grupo de jóvenes de Guapi que, entre el estudio, el trabajo y las responsabilidades del día a día, se siguen encontrando para bailar. Se juntan en los tiempos libres porque ahí, en la danza tradicional, sienten que el cuerpo descansa, recuerda y se afirma. El grupo nació en el año 2019, impulsado por don Marcos Tulio, un habitante del territorio con una fuerte vocación comunitaria y un profundo amor por las tradiciones de Guapi.
La conexión de don Marcos con la cultura viene desde la fabricación de las balsadas que se usan en las fiestas patronales, esas estructuras que no solo sostienen celebraciones, sino también la memoria y el encuentro colectivo. Desde ahí, desde ese hacer cotidiano y comunitario, fue reuniendo a varios jóvenes del territorio, algunos de ellos sus propios ahijados, con la intención de que no se perdiera el gusto por la danza tradicional y el sentido de pertenencia por lo que son y de dónde vienen.
El nombre Unión Santa Rosa no es casual. Surge del nombre de la Virgen y, al mismo tiempo, de la manera en que la comunidad se reconoce a sí misma: unida. En Guapi, las dificultades, los trabajos y las problemáticas no se enfrentan de manera individual, sino colectiva. Todo se hace entre todos, y ese espíritu de apoyo mutuo es el que el grupo lleva a la danza y a su forma de organizarse.
Actualmente, Unión Santa Rosa está conformado por doce adolescentes y jóvenes, entre los 12 y los 19 años. Son chicas y chicos que han crecido viendo bailar, escuchando marimba y observando cómo el arte también puede ser un camino de vida. La inspiración ha venido de otros procesos del territorio, como Semblanzas del Río Guapi, Fundades y Sangará, agrupaciones que han marcado el camino y han demostrado que la danza no es solo escenario, sino también identidad, disciplina y compromiso con la cultura.
Para quienes integran Unión Santa Rosa, bailar es una forma de cuidar lo propio. Es una manera de decir que Guapi sigue vivo en los cuerpos jóvenes, que la tradición no es cosa del pasado y que, mientras haya quien se reúna a bailar, la cultura seguirá teniendo futuro.

Un baile a la Purísima
Un baile a la Purísima nace de la memoria viva de los pueblos del Pacífico caucano y de la manera en que la fiesta patronal se convierte en un acontecimiento que articula fe, comunidad, cuerpo y celebración. La obra se inspira en la devoción a la Purísima, también conocida como Santa Bárbara, una de las festividades más importantes del municipio, aquella que convoca a todo el pueblo y marca el calendario afectivo y espiritual del territorio.
Para llegar a este montaje, el grupo realizó un proceso de investigación colectiva que partió de una pregunta sencilla pero profunda: ¿cuál es la fiesta más fuerte, la más grande, la que realmente nos reúne como comunidad? La respuesta fue unánime: la Purísima. A partir de allí, se inició un trabajo de indagación con las y los participantes y con personas de la comunidad, preguntándose qué sucede antes de que inicien las fiestas, cuáles son los momentos más recordados, cómo se vive la procesión, qué ocurre después de saltar de la valsada y si los arrullos continúan recorriendo los barrios del pueblo. Estas preguntas fueron dando forma a los distintos momentos que componen los diez minutos de la obra en escena.
El proceso creativo fue acompañado por un equipo conformado por Oscar Angulo, quien asumió la coreografía y la dramaturgia, con la asesoría de Oscar Andrés Angulo. Laura Mosquera participó como artista formadora territorial y también estuvo a cargo del vestuario, mientras que la escenografía fue pensada y construida colectivamente por Marcos Tulio y Oscar Angulo. La dirección musical estuvo en manos de Boris, y la asistencia de dirección fue realizada por Richo Ricaute. En escena, el elenco estuvo integrado por Laura Mosquera, Sharon Sinisterra, Sindy Perlaza, Nelly Ibarbo, Omar Obregón, Brayan Hinestroza, Edier Cuero, Jhon Torres, Maikel Aragón, José Hinestroza, Jaider Oregon y Marlon Escobar, quienes dieron cuerpo y voz a esta celebración.
La obra se estructura a partir de distintos momentos que dialogan entre sí como sucede en la fiesta real. En el inicio aparece la valsada, ese tiempo previo de preparación donde el pueblo se organiza y el espacio se transforma. Las mujeres, a través de una coreografía colectiva, disponen el lugar de la celebración, mientras que los hombres, de manera simultánea, danzan la construcción de la balsada y la colocación de la imagen de la virgen, mostrando cómo el trabajo comunitario también es danza y ritual.

Luego, hombres y mujeres se encuentran en una danza dedicada a la Purísima, un momento de unión marcado por el faldeo de las mujeres y el zapateo de los hombres, donde el movimiento expresa devoción, alegría y pertenencia. Más adelante, la escena se transforma en un acto de adoración, donde los cantos de arrullo y el sonido de los tambores envuelven el espacio, recreando la espiritualidad que atraviesa estas fiestas y la manera en que la música sostiene la fe colectiva.
Desde lo danzario, la obra se construye principalmente a partir del lenguaje de la raíz tradicional afro del Pacífico, utilizado para narrar historias cotidianas y transmitir la esencia de la vida en la región. Los movimientos de las danzas tradicionales sirven como punto de partida para crear nuevas frases corporales que remiten a prácticas como la pesca y la recolección de piangua. La inclusión de cantos de boga y el uso de la voz como instrumento musical refuerzan el carácter interdisciplinar del montaje y aportan un sello propio del Pacífico caucano.
Este proceso hizo parte de una residencia creativa y de asesorías de danza lideradas por la Fundación Semblanzas y la Fundación Afrocolombiana Casa Tumac, desarrolladas en tres momentos: asesoría virtual, grupal y territorial. A lo largo de doce sesiones de tres horas y media cada una, se completaron cuarenta y dos horas de acompañamiento. La experiencia fue profundamente enriquecedora gracias al diálogo constante con la comunidad de Unión Santa Rosa, que compartió sus relatos y vivencias sobre las fiestas patronales, y al apoyo de Semblanzas del Río Guapi, cuyos aportes musicales y escénicos fueron fundamentales para el montaje.
Un baile a la Purísima no es solo una obra de danza: es una evocación del territorio, un homenaje a la devoción popular y una celebración de la memoria colectiva que se transmite de generación en generación a través del cuerpo, la música y el encuentro comunitario.




