

Agrupación Matamba - Medellín
Matamba: un colectivo que se entreteje desde el cuerpo
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Matamba nace en el año 2017, en Medellín, como un proceso que se fue tejiendo entre mujeres. En ese momento, existía un convenio entre la Fundación Afrocolombiana Casa Tumac y el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia, y allí comenzó a gestarse un espacio de formación y encuentro que, con el tiempo, se transformó en colectivo. Desde el inicio, la necesidad era clara: crear desde la danza un lugar para pensarnos como mujeres, para hablar de nuestras resistencias, de nuestra identidad y de las múltiples maneras de expresar lo femenino en medio de contextos urbanos, comunitarios y diversos. Matamba aparece entonces como un diálogo vivo entre cuerpos, territorios y memorias, un diálogo intercultural que se mueve y se transforma con los contextos que habita.
El trabajo del colectivo se ha sostenido principalmente sobre la técnica de la danza afrocontemporánea, y con el tiempo ha ido integrando la danza contemporánea y la danza tradicional afrocolombiana. Cada una de las integrantes llega con un recorrido propio: procesos formativos en danza afrocontemporánea y tradicional, y en algunos casos también en música tradicional del Pacífico sur colombiano. Dentro del colectivo, la danza no es solo una técnica, sino un medio para compartir vivencias, aprender juntas y enunciar preguntas. El cuerpo se convierte en una herramienta para reflexionar y para decir lo que a veces no cabe en la palabra.
Esa mezcla entre la formación colectiva y los recorridos académicos y personales de cada integrante ha dado lugar a distintas creaciones, entre ellas Entre Polleras (2018), Susune (2019) y una serie de ejercicios de videodanza que, desde el año 2020, se realizan como parte de las acciones del 8M. Estas videodanzas surgen como una forma de recordar las luchas históricas de las mujeres, de honrar a nuestras mayoras y de conectar con referentes cercanos que han marcado nuestros caminos.
El nombre Matamba también hace parte de ese tejido de sentidos. Tiene muchos significados posibles: un cantante, el alias de un narcotraficante, una palma usada para tejer cestos, una isla turística colombiana y el nombre de un antiguo reino de Angola. Pero, más allá de todas esas acepciones, lo que terminó de darle sentido al nombre fue la imagen de la palma: entretejer, cruzar, anudar y crear algo nuevo a partir de eso. Así se entiende Matamba, como un espacio donde el pensamiento se mueve, se cruza y se transforma a través del cuerpo.
En sus inicios, el colectivo estuvo conformado por mujeres de distintos puntos de la ciudad y con formaciones muy diversas. Había sociólogas, químicas, bailarinas y mujeres con experiencia en circo y teatro. Con el tiempo, el proceso se separó del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia como espacio formativo y pasó a consolidarse como un colectivo femenino dentro de la Fundación Afrocolombiana Casa Tumac. Ese cambio trajo consigo nuevas integrantes, nuevas inquietudes y también disputas internas que terminaron fortaleciendo la propuesta artística y política del grupo.

Desde ahí, la reflexión se centró con mayor profundidad en la mujer: sus roles, sus cotidianidades y su historia, contada desde las voces de quienes nos precedieron. Abuelas, madres, tías, primas y hermanas comenzaron a aparecer como referentes vivos dentro del proceso creativo. Mirar hacia atrás y mirarnos en lo que fuimos se volvió una forma de entender quiénes somos hoy.
Las reflexiones que atraviesan a Matamba no se quedan únicamente en lo estético. Hay una intención clara de pensar lo femenino desde una dimensión política: cómo se vive, cómo se nombra y cómo se mira en la ciudad y en el país. Aunque se reconocen y valoran los aportes de los textos académicos, el punto de partida siempre han sido las propias relaciones, los sucesos cotidianos y aquello que incomoda o pone en disputa.
Con el paso del tiempo, por Matamba han transitado muchas mujeres. El espacio se consolidó como un lugar seguro, donde el cuerpo puede moverse sin miedo. Las transformaciones constantes, la llegada de nuevas generaciones y la diversidad de trayectorias han permitido que Matamba se sostenga como un colectivo intergeneracional, vivo y en permanente construcción.

Video-Danza Tres me habitan
Tres me habitan nace como una necesidad de volver la mirada hacia nosotras mismas, hacia lo que somos y todo lo que nos ha atravesado. Es una obra que entiende el cuerpo femenino como un archivo vivo, como un territorio donde el tiempo no pasa en línea recta, sino que se superpone, se mezcla y convive. En nosotras habita la niña que fuimos, la mujer joven que somos y la mujer mayor que seremos. Ninguna se va del todo. Todas siguen ahí, dialogando, tensionándose, sosteniéndose.
Esta video danza se plantea como una lectura profundamente política del cuerpo femenino. Decide correrse de las narrativas que reducen a las mujeres a la herida, al silencio o a la productividad, para afirmar que existir, moverse y narrarse desde el cuerpo es ya un acto de resistencia. Ocupar la ciudad con cuerpos de mujeres afrodescendientes y mestizas que recuerdan, piensan y desean es disputar el espacio, la memoria y el relato.
La idea de Tres me habitan comenzó a gestarse en el año 2023, mientras el colectivo Matamba se encontraba en pleno proceso creativo de la obra escénica A golpe de mazo. En ese momento, muchas de las reflexiones que surgían estaban atravesadas por experiencias duras, relatos de dolor y vivencias complejas asumidas desde la adultez. Esto abrió una pregunta incómoda pero necesaria: ¿por qué narrarnos siempre desde la herida?, ¿por qué mirar solo lo que duele?, ¿por qué no volver también a otros momentos de la vida que nos constituyen?
De ahí surge la necesidad de pensar la experiencia femenina desde tres momentos vitales que no se entienden como etapas superadas, sino como presencias simultáneas. No siempre estamos tristes, no siempre somos víctimas. También hemos sido fuertes, contradictorias, luminosas, incluso crueles. Todo eso nos ha habitado y nos sigue habitando.
Al finalizar el 2023, la directora propuso al elenco un ejercicio inicial: pensar la niñez, la juventud y la vejez desde la experiencia propia. Reconocerse en cada uno de esos momentos, imaginarse en los que aún no llegan y revisar los que ya han pasado.

Durante el 2024, el foco estuvo puesto en fortalecer A golpe de mazo y otras obras del repertorio, pero la semilla de Tres me habitan ya estaba sembrada. Fue entonces cuando se decidió que en 2025 este material tomaría forma como una video danza.
Cada integrante llegó al proceso con una historia, un recuerdo o una reflexión asociada a esos tres momentos de la vida. En los encuentros, el material que apareció fue intenso y diverso. Para las más jóvenes, la niñez se vinculó a la tristeza, a las ausencias y a lo que hizo falta; para las más adultas, emergieron recuerdos atravesados por la nostalgia, pero también por la alegría.
Desde el inicio, hubo una claridad: no queríamos construir la obra desde la victimización ni desde una narrativa únicamente dolorosa. Reconocer que cada cuerpo está en un momento vital distinto implicó buscar otras formas de abordar la danza, capaces de acoger lo que nos habita sin forzar un mismo tono.
El título Tres me habitan surge de esa certeza: la niña, la mujer joven y la mujer mayor conviven en cada una de nosotras.
La obra se estructura a partir de tres preguntas: ¿qué recuerdas de tu niñez?, ¿qué te mueve hoy en tu juventud o adultez?, ¿cómo te imaginas en la vejez? De estas preguntas surge el texto sonoro y el guion de la pieza.
Tres me habitan es una apuesta íntima y colectiva. Una obra que afirma que no hay una sola forma de ser mujer, pero sí una certeza compartida: nuestras vidas no son casuales, son profundamente políticas.




